sábado, 22 de mayo de 2010

Semáforo


La luz roja me detiene la marcha;
atascada la vida, alucina en su pauta
y desparrama una mirada embrujada que incauta
el pensamiento que yace sumido en el alma escarcha.

La luz amarilla advierte la osadía
de querer cruzar el mar rojo,
donde flota el alma sin salvavidas, impía
de lo que su lado se posa para despojo.

Un centello presagia la luz verde esperanza;
en su brillo, detonan añoranzas y se desvanecen.
Es como el ¡boom! sónico que ensordece la confianza
pero al final da el paso libre a la vida sin percance.

El semáforo lo transitamos todos a diario.
Revisen sus frenos y sus motores,
para parar de repente ó acelerar si es necesario
en esta vida narrada por ausentes locutores.

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