domingo, 14 de noviembre de 2010

Un Salvavidas para Pulgarcito

Dedicado a las vítimas del huracán Ida en El Salvador

Se ve a lo lejos, entre una nube de moscas
un puño erguido salido de la semilla de los cielos y la tierra.
La tempestad vomitó de sus entrañas su fuerza veloz como aspas
de las que nadie se percató, ahogando almas por doquiera.

No sólo el líquido de las ardidas nubes asfixiaron,
del mismo polvo formado se llenaron sus pulmones
haciendo énfasis en el versículo que muchos pronunciaron
sin ser oídos por los vientos del destino sin inhibiciones.

No quedó piedra sobre piedra;
no llegaron auxilios ante explosión atmosférica
hallando la demencia de la naturaleza como hiedra-
venenosa que envenena el palpitar del Pulgarcito de América.

Sin embargo, la vida sigue adelante;
un pueblo se levanta con esperanzas cargadas
que embellecen el cataclismo impactante.
Hoy, El Salvador sigue adelante, aún con sus manos sangradas.

El Milagro Entre Tus Piernas


Entre los pliegues de tus piernas
nacen poesías interminables
las que brotan dulces y tiernas
entre los campos inexplotables.

Leñador de tus lívidos pensamientos
mi hacha trunca tus exigencias
estas que inundan de movimientos
el placer de tus experiencias.

Déjà vu de adolescencia
que ya no es una vehemencia
posan manos sin clemencia
entre el trecho de tu ansia.

Derrite la viga de mi armonía
el ardor de tu vertiente
que se abre al mar en agonía
y fluye hacia el sol naciente.

Escombros de la noche son testigos
de la batalla encarnecida
quedando exhaustos y amigos
entre tu cuerpo y mi vida.

Una alborada marca un adiós
deslumbrado de recuerdos
regalo grato de Dios
en los pensamientos más cuerdos.

Guitarra Heróica


Empuñando la guitarra que colgaba de un amanecer,
quise hacer melodía con la vida;
quise viajar por el tiempo que va de ida
en vertiginoso trazo rumbo al vencer.

El rasgar de mis manos en son armonioso
desprendía las cinturas de doncellas,
las que danzaban dóciles como estrellas
haciendo alarde al sol fuerte y luminoso.

Hice caso omiso al ardor de mis dedos
seducido por muslos desnudos
entre faldas ondeantes de nudos
que fijaban la gloria de los credos.

Monté las cinturas africanizadas
que absolvían al placer
en suave y hondo renacer
que hurtaba caricias desenfrenadas.

En tonada preciosa se soltaban cabellos
como mantos danzando al viento
acariciando lo invisible del invento
que dejan acordes... los más bellos.

De la vida me enamoro a diario,
entre el dolor y la convulsión de su alma
entre su refugio que a veces le sobra calma
entre el subterráneo latido pulsando un calvario.

Pero mi guitarra es más que partidaria
de los sones más gloriosos
los que derrocan airosos
los desmanes y, con la paz es solidaria.

Las cuerdas se tensan en ritmo agitado
marcando el sonido que dejan las vidas
las que fieles desfilan por las avenidas
que trazan el tiempo sin sol, marchitado.

Te guardo colgada en reposada esquina
para que nutras tu gloriosa herencia
guitarra conquistadora de inocencia
para mañana proclamarte heroína.

domingo, 17 de octubre de 2010

Un Altar Para el Amor de Un Poeta


Se dobla rodilla ante tu presencia
siendo tú el altar de mis amores
donde mis ojos se fijan en complacencia
elevando una plegaria entre rumores.

Convicto soy de idolatrarte
cuan diosa en Olimpo que es tu cuerpo
por donde busco con un beso enamorarte
vistiendo la túnica de un verso.

Un poeta, --¿Qué tienes entre sus manos?
¿Será que con sus letras, él quisiera enamorarme?

De las letras fluyen voces,
porque habitan en el alma
melodías que entre roces
van en busca de su calma.

Icono invaluable de vasta sed lasciva
prolija tinta invade tu página virtuosa
con verbo descobijo tu belleza masiva
plasmando de mi pecho una rosa jubilosa.

Me pierdo en tus entrañas
atando cabos sueltos;
dando luz a tus mañanas,
arando mis besos envueltos.

Bajo la fronda de tu pelo de noche
Tornasol de mis pensares
Cegado por tus montes sin reproche
voy palpando entre tus mares.

¡Pobre poeta! Dirán los envidiosos;
los que creen que la plata mata a la letra
mas no saben que somos dichosos
al dejar marca que para siempre penetra.

El Caballito de Mar y La Estrella


Un caballito de mar
que cabalga en su coral
saltarín de par en par
sobre algas su ramal.

Jamás nadie lo monta
por muy bello que se vea
en su espalda sólo aguanta
a la princesa Marea.

En el corral de su riqueza
aletea engalanado
esperando a su duquesa
que lo tiene enamorado.

Nunca nadie le ha visto
unos dicen que es doncella,
la realidad es que conquistó
del mar su más bella estrella.

Estrella de mar
galante en fino trote
caballito de mar
salta alegre con su estrella bajo un bote.

Poema de Invitación


Hoy vengo con voz exaltada,
provocando a los letrados más grandes
los que miden hasta los fonemas
con su lupa de sabiduría.
A los humildes que, como yo, gateamos
en esto de las letras.
Los insto a tomar parte activa,
en el batallón de la poesía.

Invito a formar parte de esta élite,
donde con pluma en mano
destrozamos el papel...

Les invito a plasmar la vida en letras
a ser del lienzo testigo ocular
a ser el oído y la voz de los ausentes
a desmontar la vulgar monotonía.

Invito a hacer del garabato un poema
que haga germinar redondillas, cuartetos,
sonetos, glosas y octavas.
A hacer de la nota amorosa una bella epístola
de la excusa escolar, una prosa grandiosa
y de las paredes rayadas; un mural...

Invito a hacer de las letras artillería pesada
para bajar los aviones del amarillismo
que desluce el leer poemarios, cuentos infantiles y fábulas.

Invito a descargar la inspiración como ráfaga
que perfora el universo de ignorancia del vale-verguismo[1]
que se apodera de las mentes y las hace prisioneras.
¡Hoy te invito a ti a ser parte de la historia!





[1] Acto de no importar nada ni nadie.

Bajo Las Alas


Cada mañana se estrellaba
en el vidrio de la ventana,
como en sinfonía dirigida en octava;
el canto del ruiseñor al sol engalana.

Resonaban de su garganta despertares,
que abrían los ojos haraganes
que bailoteaban en su rezago de pesares
sacudiendo la orquesta de mustios desganes.

De acompañamiento aleteaba un colibrí;
zumbando sus alas al viento mañanero
en percusión sobre flores del alma que descubrí
mojando sus cabelleras, en porvenir placentero.

En el jardín del alma, las dos aves decoraban
el paraje, dibujado bajo el ala de un Quetzal
que resguardaba minucioso lo que cantaban
a dúo con su acústico plumaje de tupido pastal.

El trío: ruiseñor, colibrí y quetzal;
que juntos decoraban el cielo invernal
nos regalan el concierto de esperanza de sus trinos invecibles
que soplan los despertares del espíritu y sus confines.

Hagamos pues de su canto una voz de esperanza...